Monday, February 24, 2020

Una declaración de amor


Con mi esposa hemos cumplido 12 años de casados: benditos, hermosos, plenos, desafiantes. En este tiempo ha habido de todo.

¿Cómo no darle gracias a Dios porque una mujer tan buena aceptó ser mi esposa cuando entendimos que Él nos llamaba a unirnos para siempre y –con todos sus desafíos y complicaciones– lo dejó todo para iniciar una vida conmigo?

¿Cómo no agradecerle a Dios de rodillas por haberte inculcado en el corazón el fuego de su amor, la dulzura de su trato, la pasión por las cosas buenas de la vida y sobre todo la fe, esa que la guía como esposa y como madre, esa que brilla cotidianamente en el hogar?

¿Cómo no dar gracias de rodillas ante el Santísimo por una persona tan especial, por alguien que me dijo sí para siempre?

¿Cómo no vivir agradecido al Señor por haberme dado a la mujer más importante de mi vida, a la que ríe y llora conmigo, a la que sufre y se alegra con este pobre, cada mañana y cada noche, cada día en la brega cotidiana?

¿Cómo no darle gracias a Dios porque tú esposa mía me amas, me soportas, me perdonas, me acompañas, no miraste atrás cuando decidiste apostarlo todo por mí, porque me exiges aunque a veces no me guste, porque estás a mi lado, incluso cuando (sin querer) te he tratado mal o te he herido?

¿Cómo no amarte? Yo te amo y soy feliz porque me amas. Y esta no es una simple declaración de amor. No.

Yo quiero gritarle a todos que sí es posible un matrimonio católico con todas las de la ley. Que todos sepan que, en medio de un mundo erotizado, en medio de la vorágine de la gente que se usa y se desecha, en medio de una sociedad que “ya no cree” en el amor y que ha endiosado y manoseado el sexo, la entrega para siempre es posible.

No, no creo que seamos “un modelo a seguir”, pero sí creo que intentamos ser testimonio de que es posible una unión indisoluble, de que el bien sí vence el mal, que es posible amar en medio del odio, del conflicto, del caos y los enfrentamientos.

Sí es posible vivir el matrimonio cristiano.

Ese al que tantos se comprometen y que, lamentablemente, en algunos casos termina roto y genera después gran dolor y sufrimiento.

Quiero recordarles hoy a todos que es posible ser fiel, es necesario ser fiel, es sumamente importante ser fiel.

Y a los amigos a los que el matrimonio “se les acabó”, les pido que por favor no pierdan la esperanza. No se alejen de Dios, no se alejen de la Iglesia. Como dijo el Papa Francisco, solo es posible llegar a Jesús a través de Ella.

No se olviden que Dios los espera siempre con su cariño, con su calor, con su misericordia y su gran perdón. Búsquenlo, vayan con Él, acérquense a un buen sacerdote que los ayude a restaurar lo roto, a recuperar lo perdido. Que los ayude en el imprescindible camino de reconciliación que todos necesitamos recorrer.

A los amigos que aún no se casan y están prontos a hacerlo, a los novios y a los enamorados: centren su amor en el Señor. Fórmense, estudien, recen mucho.

No es fácil vivir el matrimonio cristiano. Exige lucha, coraje, un espíritu firme y decidido a todo por el bien. Exige la entrega generosa y, ante el pecado, exige levantarse de inmediato para seguir luchando.

¡Mucho ánimo y mucha ilusión!

Termino diciendo que solo quería recordar que el amor verdadero es posible. Gracias a Dios, a la Virgen y a mi esposa, la gracia más grande y hermosa que el Señor me ha dado en esta vida. Gracias también por nuestros hermosos hijos: sal y luz de la vida diaria.

Otros posts

HISTORIA DE UN MATRIMONIO




0 comentarios:

Post a Comment