Sunday, May 19, 2019

Una lección aprendida un sábado cualquiera

Un sábado cualquiera fuimos a comer a un chifa (restaurante de comida china en Perú) y cuando estábamos por terminar se acercó un niño de 9 años llamado Mateo para ofrecernos los dulces que vendía.

La escena es común aquí en Lima. Uno come en un restaurante y en algún momento alguien entra para vender alguna golosina, algún dulce o algo para poder, ellos a su vez, comprar algo para sus casas que seguramente están sumidas en la pobreza.

Mateo no era tímido, de hecho era un niño simpático y divertido. En medio de su inocencia nos preguntó a mí y a mi esposa algo que me ha quedado dando vueltas en la cabeza. Lo hizo muy tranquilo pero intrigado: “¿Por qué tu hijo no vende chocolates?”.

Y ese fue el inicio de un breve diálogo que pasó por algunos chistes, el ofrecimiento de una cena caliente y saber que ese pequeño, en esa noche fría, se iba a demorar unas dos horas en volver a su casa.

No sé si lo volvamos a ver al buen Mateo –al que le pedí que rezara por nosotros y a quien le ofrecí que rezaremos por él cuando le di la comida caliente– pero con su ternura e inocencia; y sin decir mucho, dejó algunas lecciones para la familia.

1.- Somos afortunados. Con lo poco o mucho que tengamos, somos afortunados si un sábado cualquiera podemos ir a comer afuera, por más sencillo que sea el restaurante.

2.- Nuestros hijos no tienen que trabajar, pero muchos niños sí. Mi hijo mayor va a cumplir 9 años y, Dios mediante, probablemente no tenga que trabajar sino hasta que llegue a la universidad o la termine. Muchos niños sí tienen que hacerlo y creo que podemos ayudarlos.

3.- Siempre podemos ser solidarios. Con mucho o con poco, con algo. No importa a quién le demos algo de ayuda, no importa si lo usan bien o mal, importa que agrandemos el corazón para dejar que otros se alegren y/o se reconforten con nuestra generosidad.

4.- Los niños pueden aprender lo afortunados que son. Se dan cuenta perfectamente. Y nosotros tenemos que mostrárselo. En nuestro caso nos ayudó el buen Mateo.

Siempre se puede ser generoso. Y si no es con dinero o cosas materiales o comida, podemos ser generosos con nuestro tiempo y talentos.

Siempre habrá quien nos necesite y no hace falta un chifa para encontrarlo. Los que nos necesitan están allí, a veces más cerca de lo que creemos.

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